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mamá en la uni

Mi madre se ha apuntado a la universidad. A raíz de esto, he vivido uno de esos momentos en los que uno se ve reconocido en los progenitores. He vivido uno de esos momentos en los que dudas si te mola o te fastidia parecerte a ellos. He vivido uno de esos momentos que son el signo inequívoco de que -sea de quien sea tu sangre- te criaron ellos. Fijo.
Por lo que me cuenta, no os vayáis a creer que tampoco ella tiene un gran sentido del ridículo, se ve que se tiene que contener en clase. Se tiene que contener para no hacerse la marisabidilla, que era uno de mis deportes favoritos en el colegio, en el instituto, en la facultad, en la autoescuela, en las formaciones de empresa, en las reuniones familiares...
Cuando interviene, el profesor le dice a sus compañeros que no se preocupen, que esa señora ya la tuvo en clase mucho tiempo ha y que se lo sabe ya todo. Que no tiene él muy claro si se ha apuntado por aburrimiento o para meterle un dedo a él en el ojo. Y además no se ríe, porque es muy serio el tipo. Mi madre me ha confirmado que en esas asignaturas para mayores se lo está pasando pipa. Ya te digo. Puede pelotear sin que le importe la nota ¡porque no hay!
Tengo que decir que no es su primera vez en la universidad, porque ella ya pasó por ahí hace un montón de tiempo. Para que os hagáis a la idea, mis primeras clases de universidad también fueron las suyas. De hecho, cuenta la leyenda familiar que ella y mi padre, que compartían clase y carrera, se vieron un día en la siguiente tesitura con otro profesor:

Allá por los ochenta...
- Buenos días, voy a ser su profesor y deben saber que en esta asignatura las prácticas son obligatorias.
En el descanso...
- Profesor.
- ¿Sí?
- Verá, ejem, nosotros tenemos un pequeño inconveniente...
- Pues se traen al inconveniente, pero tienen que asistir ambos.
- Eeee...
- ¿Qué ocurre?
- Que tenemos un hijo en edad de crianza (recién nacido, vaya) y estábamos pensando que
- Les he dicho que asistan, no que piensen. Ahora, si me disculpan.
La semana siguiente...
- ¡Ngué!
- Ephedro, cállate, que estamos en clase.
- Mngue.
- Así.
Claro, los ojos del profesor, al ver al pequeño inconveniente en clase, pues se pusieron del revés. Al menos no daba mucho la lata. En el descanso, pues, os podéis imaginar:
- ¿Pero qué es esto!
- Esto es nuestro hijo Ephedro. Dijo que nos lo trajéramos, cito textualmente: «Pues se...»
- Sí, ya sé lo que dije. Pero es que creía que se trataba de una excusa. [Sí, para que les dieran 2.500 euros, no te j****] Lléveselo usted a casa, y que ya le tome los apuntes su esposo, si acaso.
- ¡Nguée!

2 efectos secundarios:

Suntzu dijo...

¡Qué bueno! Es que hay cada callo por ahí suelto...
Espero que le vaya bien a tu madre en la universidad. Y mi admiración, porque yo intenté sacarme otra carrera hace un par de años y tuve que asumir que, de momento, mi cuerpo no podía con más apuntes.

Ephedro dijo...

Sí, he hecho, mi madre tiene más batallitas con profesores de todo tipo, buenas y malas. Lo que pasa es que esta es la única en que salgo yo... jajaja.