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un día

Sí, vuelvo a recobrar fuerzas poco a poco.
Ahora que estoy instalado en el nido y que empiezo a tener algo parecido a una rutina espero poder escribir un poco más. Para empezar, os contaré un día cualquiera en mi nueva vida.
Me levanto. Me aseo, me visto (llevo camisa casi todos los días, miren ustedes) y desayuno a la velocidad del rayo. Con la leche chocolateada en la laringe, me pego la gran carrera de la mañana al autobús. Cuesta abajo y sin frenos, oigan, recorro las calles estrechas y empedradas de mi pueblo para llegar a una explanada por la que pasa el autobús a la capital. Así que con esto me despierto por fin.
Si tengo suerte, el autobús no llega mucho más tarde de su hora y la carrera ha merecido la pena. Si no, maldigo la hora en la que me levanté temprano y el monopolio de la ruta que tiene esa empresa de perros. Porque es la única hora del día a la que uno se encuentra con embotellamientos, y más cuanto más tarde se sale. La semana que viene a lo mejor me llevan en coche por la mañana.
Bueno, pues en el autobús, uno intenta que el viaje se pase lo más rápido posible, es decir: dormido (ahora que había conseguido despertarme, vaya). No obstante, en el siguiente pueblo (que está a unos 7 minutos, tiempo insuficiente para empezar a roncar) se monta al autobus una banda de gallinitas cacareadoras todas las mañanas. Esas señoras del campo, van a ganarse el pan a la capital y empiezan el día contentas, jaleosas.
Luego toca trabajar. Por último, según el día, o me vuelvo con el bus de las seis y con coscorrón incluido. Al final, me dedico a vaguear en mi casa del pueblo y -miren, que lo intento- nunca consigo dormir antes de la una de lamañana... aaaargh.
Next week, next week, next week...

2 efectos secundarios:

The Inner Girl dijo...

Lo de las cacatúas tempraneras nunca lo entenderé. Muchas veces me he encontrado en esa situación, absurda, de mujeres chillonas y jaleosas a las seis y media de la mañana, cuando nosotros intentamos dar una cabezada tranquila en el autobús... Así que te entiendo. Te recomiendo un iPod que ahogue un poco las conversaciones esas...

Ephedro dijo...

Yo sé que no lo sabías, que no lo has hecho queriendo, pero: no mientes a los muertos. ¡¡Noooooooo!! Mi iPod se ha declarado en blackout indefinido...