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Mostrando entradas con la etiqueta salmorejo. Mostrar todas las entradas
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decoración penetrante

De nuevo acecha la navidad. Así que ese armatoste comercial que coloniza todos los centros-ciudad, se considera el lujo de la clase media, presume de un servicio excelente, tiene sindicatos verticales (perdón: amarillos), goza de un logotipo del siglo pasado que a pesar de ser horrendo no cambian por nada, vuelve a la carga.
Nótese que:

  • han reciclado la decoración del año pasado,
  • han vuelto a poner de moda el malva
    (para terminar con el stock , está claro)
    y
  • nos deleitan con lindísimos consoladores colgantes XL.

Visto hoy mismito, oiga.

primer día de cole

Es que ayer era el primer día de cole. Entonces fue un día gris, en el que llueve y la gente se pone tristona. Así, en general. Las farolas tardan demasiado en encenderse, porque están perezosas de todo un verano trabajando poco. Y los corazones (que en realidad son las mentes) a veces se entristecen.
Pero hay que hacer que sea mentira. El primer día de cole es un día especial, de reencuentro, de descubrimiento y con pocas clases.
¿Y cómo es el segundo día de cole?

new life

- ¡A ese lo cambio yo!
- No, ese es el que es y no cambiará.
- ¡Pues me adaptaré!
- No, más bien os adaptaréis.
- ¡Perderemos nuestra libertad!
- No. Si vuestro vínculo es puro, aprenderéis a discernir la voluntad del deseo, a discernir «joderse» de «ceder», a discernir la realidad del sueño y a vivir vuestro sueño, en lugar de soñar una vida.

Recuerdo el primer abrazo y confirmo cuánto y cuan bueno auguraba.
Todos tenemos más poder del que creemos en nuestras decisiones, en nuestra voluntad de ser libres porque queremos. Tú y yo lo estamos haciendo muybiencachond. Bendices la suerte que tienes, que no te explicas cómo devolver lo que recibes y, sin embargo, correspondes. Y seguro que comprendes que no te cuesta tanto, porque crees en los flujos.
Esto, es lo que veo y lo que siento.
Y, como me sale del pecho, decir esto debe valer más que recordarte que entre tus capacidades cuentas haber llevado a cabo estudios y trabajo a la vez, que te me viniste a Salmorejólivud sin dudarlo, dejando oportunidades en otros lares, que salen de tu cerebrito palabras en todo momento que me arrancan una risa, un abrazo o una mamada, que invocas archivos musicales que me anonadan, que consigues que mi piel quiera la tuya como se quiere el pan nuestro de cada día, que me haces querer mejorar día a día, por mí y por ti, que me enamoras tú y no el amor.

Suenan doce campanadas.
Pronto sonarán cada noche junto a mi sueño, nuestro sueño.

100% verídica

Mar: ¿Está encendida la impresora?

eρH:
No, pero voy a hacer pipí.


Dedicado con carinyu al tingsala.

de rosis cordibusque

Anoche me monté en el bus y estaba llenito. Al dirigirme al fondo, por si daba con dos asientos libres, oí hablar francés. Suelo buscar dos asientos si puedo por dos motivos: uno, que soy un gran comodón. El otro es que a menudo voy con un petate que trae todo lo del gimnasio y un poco de anchura no me va mal.
Cuál sería mi sorpresa, que en ese busecito de provincias andaluz, me encontré con una marroquí y un camerunés (de pura cepa, oiga) dándole a la sinhueso. Hacía más de cinco años que estaban por tierras salmorejunas. Así que como ella tenía un asiento libre a su lado y no había más dobles a la vista que unos junto a los niñatos del fondo, le dije que si molestaba (en la lengua de Voltaire, no lo dudéis) y enganché con el francés todo el rato.
¿Qué tiene esto que ver con rosas y corazones? Pues es bien sencillo. Estuve todo el rato pensando en si sería muy grosero interrumpir la conversación para hablar con él, porque era la hora a la que habíamos quedado. Lo era, la verdad, tan animada e interesante estaba la conversación que hubiera resultado muy forzado. Pero en cuanto me bajé del autobús, le di un toque para que me llamara (tiene una tarifa de esas antiguas, lo que ha sido nuestro vínculo de lunes a viernes durante semanas).
Estábamos hablando, de que había hecho un collage para él, con corazones, y que en la entrada en la que lo había colgado expresaba lo mismo, que él sentía. Y él había hecho lo que llevo deseando desde siempre...


...me ha enviado esto:

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flamenquín cultural

Fíjate tú que cosa más curiosa. Esta semana, dos noticias del Día de Córdoba, del grupo Jolín, me llaman la atención:

El paro en la capital sube un 21,4% en 2008, hasta los 33.032 desempleados
y
Los museos gestionados por la Junta aumentan sus visitas en 32.500 personas

¿Será que los parados se han decidido a hacer algo provechoso con su tiempo?
¿Quiénes son esos quinientos insurrectos que se niegan a disfrutar de la cultura?
Pues así de tonto me pongo:

BONUS LEVEL:
Momentos para el recuerdo.
totally nineties
(grandes estética y caída de párpados)

contribuyendo

Bueno, el lunes en la delegación de hacienda me quería morir. Sí, ¿qué pasa? El lunes.
Primero, hay cola para entrar y tienes que despojarte de todo lo que lleves encima, no sea que en tu carpeta transparente (en la que se ve que sólo hay papel) puedas esconder un artefacto de destrucción masiva. Hay carteles indicando que el turno se coge en una máquina con pantalla táctil a todo color y que tiene indicado perfectamente unos cinco o seis tipos de trámite diferentes. Bueno, pues hace falta un señor basto cual arado para que te dé el papelito de turno (¿el sueldo corre por cuenta de los impuestos de quién?). Además, había mogollón de personas para todo tipo de trámites y sólo dos ventanillas para presentar la declaración. Lo flipas. Me senté pacientemente.
Cansado, e inquieto porque estaba fuera del curro de estranjis, viendo que, al ritmo que iban, llamarían a mi turno para dos mil nueve, que la reunión con mi jefe era a las once y eran ya las diez y pico, estresado, jodido por acostarme tarde y por dormir poco, temiendo lo peor, me dije: «Si pruebo otra delegación, no pierdo nada. De hecho, a lo mejor en el paseo me calmo y si, en todo caso, no sirve de nada irme a la otra delegación, al menos hago tiempo para el turno de las narices». Esto me lo dije yo mentalmente mucho más rápido de lo que lo leéis vosotros, pero menos que Número 5.

En la otra delegación, que está a siete u ocho minutos a pie de la primera, atravesando las vías principales del centro y un parque, tuve que volver a hacer cola y sacármelo todo de los bolsillos otra vez. Por suerte, esto era mucho más rudimentario: un par de mesas atendían el registro de entrada de documentos y, entre ellos, de la renta. Había tres o cuatro personas en cola y una señora sentada en una de las mesas. Estaba pasando un apuro, porque no había puesto en la declaración su número de cuenta. No se lo sabía (bueno, vale), no lo llevaba encima (bueno, vale), pero es que no quería acercarse a la caja de ahorros que teníamos a cincuenta metros, por tal de no perder el turno. Para más INRI, no llevaba el móvil, así que tuvo que ponerse a llamar desde un teléfono de la delegación, es decir ¡a mi costa! (y la vuestra, oh, contribuyentes).
Llevaba dos versiones: una con mi dirección de Barcelona y otra con la de aquí. Bueno, al final el señor que me atendió me dijo que mejor la de la dirección de allí, que es donde más tiempo había estado y no influía para la dirección fiscal.
Y es que, contra todo mito, ¡¡los catalanes me devuelven más lerus!!

mamá en la uni

Mi madre se ha apuntado a la universidad. A raíz de esto, he vivido uno de esos momentos en los que uno se ve reconocido en los progenitores. He vivido uno de esos momentos en los que dudas si te mola o te fastidia parecerte a ellos. He vivido uno de esos momentos que son el signo inequívoco de que -sea de quien sea tu sangre- te criaron ellos. Fijo.
Por lo que me cuenta, no os vayáis a creer que tampoco ella tiene un gran sentido del ridículo, se ve que se tiene que contener en clase. Se tiene que contener para no hacerse la marisabidilla, que era uno de mis deportes favoritos en el colegio, en el instituto, en la facultad, en la autoescuela, en las formaciones de empresa, en las reuniones familiares...
Cuando interviene, el profesor le dice a sus compañeros que no se preocupen, que esa señora ya la tuvo en clase mucho tiempo ha y que se lo sabe ya todo. Que no tiene él muy claro si se ha apuntado por aburrimiento o para meterle un dedo a él en el ojo. Y además no se ríe, porque es muy serio el tipo. Mi madre me ha confirmado que en esas asignaturas para mayores se lo está pasando pipa. Ya te digo. Puede pelotear sin que le importe la nota ¡porque no hay!
Tengo que decir que no es su primera vez en la universidad, porque ella ya pasó por ahí hace un montón de tiempo. Para que os hagáis a la idea, mis primeras clases de universidad también fueron las suyas. De hecho, cuenta la leyenda familiar que ella y mi padre, que compartían clase y carrera, se vieron un día en la siguiente tesitura con otro profesor:

Allá por los ochenta...
- Buenos días, voy a ser su profesor y deben saber que en esta asignatura las prácticas son obligatorias.
En el descanso...
- Profesor.
- ¿Sí?
- Verá, ejem, nosotros tenemos un pequeño inconveniente...
- Pues se traen al inconveniente, pero tienen que asistir ambos.
- Eeee...
- ¿Qué ocurre?
- Que tenemos un hijo en edad de crianza (recién nacido, vaya) y estábamos pensando que
- Les he dicho que asistan, no que piensen. Ahora, si me disculpan.
La semana siguiente...
- ¡Ngué!
- Ephedro, cállate, que estamos en clase.
- Mngue.
- Así.
Claro, los ojos del profesor, al ver al pequeño inconveniente en clase, pues se pusieron del revés. Al menos no daba mucho la lata. En el descanso, pues, os podéis imaginar:
- ¿Pero qué es esto!
- Esto es nuestro hijo Ephedro. Dijo que nos lo trajéramos, cito textualmente: «Pues se...»
- Sí, ya sé lo que dije. Pero es que creía que se trataba de una excusa. [Sí, para que les dieran 2.500 euros, no te j****] Lléveselo usted a casa, y que ya le tome los apuntes su esposo, si acaso.
- ¡Nguée!

last night

ingredientes nuevos
hacen puchero
rompen a hervir
hacen «pop»

and we'll become and we'll become and we'll become
silhouettes when our bodies finally go

ba ba ba ba
gracias

un día

Sí, vuelvo a recobrar fuerzas poco a poco.
Ahora que estoy instalado en el nido y que empiezo a tener algo parecido a una rutina espero poder escribir un poco más. Para empezar, os contaré un día cualquiera en mi nueva vida.
Me levanto. Me aseo, me visto (llevo camisa casi todos los días, miren ustedes) y desayuno a la velocidad del rayo. Con la leche chocolateada en la laringe, me pego la gran carrera de la mañana al autobús. Cuesta abajo y sin frenos, oigan, recorro las calles estrechas y empedradas de mi pueblo para llegar a una explanada por la que pasa el autobús a la capital. Así que con esto me despierto por fin.
Si tengo suerte, el autobús no llega mucho más tarde de su hora y la carrera ha merecido la pena. Si no, maldigo la hora en la que me levanté temprano y el monopolio de la ruta que tiene esa empresa de perros. Porque es la única hora del día a la que uno se encuentra con embotellamientos, y más cuanto más tarde se sale. La semana que viene a lo mejor me llevan en coche por la mañana.
Bueno, pues en el autobús, uno intenta que el viaje se pase lo más rápido posible, es decir: dormido (ahora que había conseguido despertarme, vaya). No obstante, en el siguiente pueblo (que está a unos 7 minutos, tiempo insuficiente para empezar a roncar) se monta al autobus una banda de gallinitas cacareadoras todas las mañanas. Esas señoras del campo, van a ganarse el pan a la capital y empiezan el día contentas, jaleosas.
Luego toca trabajar. Por último, según el día, o me vuelvo con el bus de las seis y con coscorrón incluido. Al final, me dedico a vaguear en mi casa del pueblo y -miren, que lo intento- nunca consigo dormir antes de la una de lamañana... aaaargh.
Next week, next week, next week...

ultra lights

Cosas de la vida. He conocido (no, bíblicamente no) a un coreano. Simpático, creativo y que habla italiano. Teníamos que trabajar juntos, así que el miércoles quedamos en una primera reunión. El señor en cuestión, con carita de treinta y cinco pero cuarenta y dos a sus espaldas, fumaba una variedad de cigarrillos hasta ahora inexistente en España.


Nótese que en Corea del Sur no se puede fumar hasta los diecinueve.

Por cierto, esto sucedió en Salmorejóliwood, porque ¡ahora vivo aquí!
Adéu-siau.

zona zero

No se vayan a creer ustedes que sólo en Gaudíliwood ocurren fenómenos paranormales en el transporte público. No, en la ciudad del salmorejo también. Hace no mucho, servidor de ustedes iba de la Renfe al hospital, en el bus, feliz de la vida. La ciudad estaba en todo su apogeo primaveral, cuando de repente entró. Perdonen las siguientes alusiones que haré a un ser humano. Se trataba de una mole, casi más ancha que alta, que no podía evitar rozar a todo el mundo por el pasillo, entre los asientos. Su cara parecía derramarse, con grandes ojeras, carrillos colgantes y papada en delantal. Pero esto, aparte de las consecuencias que tuviera para su propia salud, no molestaba en sí. Uno (que ha sido gordo), no se ensaña así como así con un ser seboso, si no hay mayor motivo. Lo peor es que exhalaba un profundo tufo penetrante y envolvente, que se revelaba en mezcla extremadamente ácida de transpiración, notas de orín y eau de cigarette. Eso era lo que distinguía a ese señor sobredimensionado del resto de los simpáticos gorditos (o no tan simpáticos, pero inocuos). Y tuve la dicha de que se sentara donde menos me convenía: detrás de mí. Como su aura pestilente abarcaba un área de unos dos metros de radio, yo me encontraba en plena zona zero.

peste
¿Se trataría de un coro?
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Por cierto, he añadido la sección «cuidados paliativos». Veréis una campaña de Amnistía Internacional en la que lucha contra la censura en la red. Participad.

melocotones

Recuerdo los veranos en la casa de la playa. Mis abuelos los pasaban en la costa, en un barrio de bungalows monísimos, el barrio de los pescadores. Se llamaba así, no por que vivieran allí pescadores, queda a un kilómetro de la playa, sino porque los nombres de las calles estaban dedicados a «pescadores de hombres»: Velázquez, Juan XXIII o Isaac Albéniz, entre otros. Allí que nos íbamos mi hermano y yo, a hacer compañía a mis abuelos y a liberar un par de semanas a nuestros padres de tenernos bajo su cargo, criaturas.
bungalowsLa casa de la playa tenía dos entradas. Una entrada tenía un patio coqueto, con su verja blanca, con sus arriates, con su manguera y con su jofaina de zinc gigante, pero que se utilizaba poco. No obstante, recuerdo que mi abuelo lo cuidaba con esmero. Regaba y podaba las plantas, y le daba su capita de minio a los barrotes antes de pintarlos. Ahora es mi padre el que en nuestra casa cuida de que las plantas estén bien atendidas y nos recoge las mejores rosas. A mi abuelo se lo llevó la edad, o el Señor, que es lo que preferimos creer en casa.
La otra entrada era la de la cochera. Con los mismos barrotes, rara vez se utilizaba como cochera y normalmente se convertía en la puerta principal. A mí me gustaba, porque eso hacía nuestra casa diferente del resto de las casitas del barrio. Ahora pienso que, además, la hacía abierta, pues la vida se desarrollaba en el patio interior de la casa, conectado con la cochera por un porche. Todas esas puertas solían estar abiertas cuando había gente en la casa, un gusto que cada vez nos podemos dar menos. El patio interior olía a jazmín, y aún hoy cuando ese olor se desliza por mi nariz, el hipocampo me lanza retrospectivas de mi más tierna infancia.
En uno de estos flashbacks estamos mi madrina y yo, antes de ser mi madrina, entonces sólo tía. Estamos en el patio de la casa, no recuerdo muy bien qué hago yo. Sé que soy prepúber, como mucho, y que mi tía está pelando melocotones que saca de un cubo con agua. Sé que me encantaban como ahora, o más. Mi tía me explica que su tía Carmen, se ponía igual que ella y los pelaba, y le decía: «¿Quieres un poco?». Entonces, del melocotón pelado la tía Carmen cortaba un casco con el cuchillo y se lo daba a mi tía. Y eso es lo que ella hace conmigo. Pela. Corta. Comparte. Recuerdo mirar el trozo de melocotón como agua de mayo. Es la manera ideal de calmar sed y hambre. Recuerdo el zumito, que chorrea por mis dedos. Recuerdo que mi tía deja de preguntar y me sigue dando un trozo tras otro. Y sonríe.

Arrancado de mis entrañas gracias a estos textos de Elena Medel, del especial de Córdoba de Granada ciudad poética.

elecc... juerga

queda clausurada esta legisla... feria

adolecer

Retomando el post de las chicas de Quédate a dormir (pronto pareceré un review de su blog), he aquí un flashback, porque el tema daba para más que un comentario.
Mi adolescencia, como decíamos, aunque no creo que fuera mejor que la de nadie, la recuerdo sencilla en sí (¿memoria selectiva?) porque yo tenía muy claro cómo me tenía que comportar, o eso creía, que a efectos prácticos es lo mismo. Ahora no, claro, y he descubierto que se debe a que fui niño hasta la universidad. Luego me malogré, como todo buen adolescente hace de un modo u otro, para convertirme en esto...
Bueno, pues la anécdota es la siguiente: el menda cuando era adolescente se enamoró de un proyecto de superheroína (no, de esas no: yo decía no a las drogas), porque nos gustaba la misma serie petarda de dibujitos japoneses (que era el término para anime en nuestra época, hijos míos).
La serie era esta:



La chica en cuestión, supongo que llena de confianza en sí misma, mire usted, creyó que no podía ser verdad y que aquello era una broma de las chicas malas del instituto compinchadas conmigo (o ¿qué os creíais? ¿que de esas/os sólo había en vuestro cole?). Porque claro, las muy petardas -imbuidas de hastíoadolescente noquéhacerconmivida asíquedaréporculo- me habían escrito una bella carta de amor de la pobre muchacha en la que su adoración por mí se veía comparada con las peores ventosidades humanas. Señor, si la encuentro la reproduciré en otro post.
Pffff...
¡Qué tiempos aquellos!
Si a alguien le suena esta historia, puede manifestarse. Jijiji.

civil

Parece como si la benemérita, con esto de no querer desaparecer, intentara captarlos desde pequeños. Para muestra un botón, bueno dos:

Una:



y dos.

No os perdáis las ofertas en policías, soldados y demás de lo más variadito, sí señor. Y sí, la imagen es verdadera y la web... bueno, pues uno no tiene tiempo de escribir tanto código en un fin de semana que me vengo a Mezquitolandia. Por cierto, este post está dedicado a B&F (o es que ¿sólo yo desperdicio el tiempo en darme cuenta de que tienen nombres de letras?) y a ella-ya-sabe-quién-es, porque es de una céntrica-y-famosa tienda de juguetes de Salmorejólivud.