A veces ocurre que uno se encariña de la gente. Intentamos ser de hielo, o de piedra, pero nos volvemos de caramelo. Vale, no es que pase a veces, es que ¡quien se resiste a amanecer junto a un cuerpito caliente! Efectivamente, un servidor de ustedes no.
El cuerpito en cuestión tiene su historia. Lo he nombrado criatura entrañable: me saca divino en las fotos, me muerde en el pliegue exacto, me cocina estupendamente, me lo tiene todo muy recogidito, me hace monerías creativas y me tiene un iMac. Ahí es nada.
El caso es que me quedé a dormir en casa del cuerpito. La casa tiene su cocina entrañable, con su batidora americana que pica hasta hielo, sus hornillas de gas, sus libros de cocina a mansalva, su horno, su orden y su limpieza. La casa tiene su comedor con papel pintado con motivos psicopop y muebles retro. La casa tiene unas ventanas que dan a la calle Diputación.
La calle Dizorración no se caracteriza por la ausencia de vehículos ni personal. Además, al día siguiente era festivo en Barcelona (la iliada, o algo así), con lo que no paraba el trajín ni un minuto. Para más IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, en la Ciuad Condal reinan las motos. Añadamos a todo ello que el calor envolvente y lo antiguo de las ventanas impedían todo aislamiento acústico. Toma del frasco, Carrasco. Así que uno con el ruido no podía pegar ojo:
I - Ignorarlo no sirvió.
II - Respirar hondo para relajarme, tampoco.
III - Respirar fuerte para amortizar otros sonidos, pues imagínense.
IV - Construirme unos tapones de los oídos con papel higiénico resultó inutil y -posteriormente- repugnante.
V - Adivinad la rima.
De modo que un servidor de ustedes, que tenía deberes al día siguiente, decidió poner pies en polvorosa. Esto también fue por fases:
a - Utiliza la luz del móvil para no despertar al cuerpito (vale, hubiera sido una ardua tarea, que lo sepan, pero -vaya- por consideración).
b - Busca papel para dejar una nota y que el cuerpito no se aturda de extrañeza al despertar. Yo tenía una libreta (uf).
c.1 - Busca lápiz o bolígrafo (la pluma que teníamos no sirve para escribir) en la habitación. Pues no se encuentra, oigan.
c.2 - Corre a la cocina, a ver si ahí sí que escriben, si hacen lista de la compra o alguna cosa así. Pues tampoco.
c.3 - Profana el cuarto (en ese momento desocupado) del compañero de piso, para encontrar un boli que no escribe.
c.4 - Repeat c.3
c.5 - Llévate el papel allí, a ver si sirve alguno de los cientos de instrumentos de escribir que tiene.
c.6 - Vuelve por el móvil-antorcha, para ver lo que escribes.
c.7 - Repeat c.3
c.8 - Escribe con un lápiz finalmente, bajo la luz del móvil, para descubrir más tarde que era de color lila.
d - Abre la puerta para salir ¡finalmente?
e - Cae en la cuenta de que hay que cerrar con llave tras de sí, porque la cerradura es caprichosa.
f - Intenta despertar al cuerpito para que te cierre. Nanay de la China.
g - Ponte a buscar las llaves en la habitación (sólo podían estar dentro de ese huevo chino de porcelana hortera).
h - Sufre al separar la llave que necesitas de su anilla, virtualmente indestructible.
i - Vuelve a intentar establecer comunicación con el cuerpito para explicarle (porque en la nota ya no te cabe, con tantas tonterías que has puesto) que la llave se la vas a dejar en el buzón de abajo, que es lo menos insensato que se te ha ocurrido. Ya verás si te escucha, ya.
baile aragonés - Trata de cerrar una puerta que ya de por sí era caprichosa antes de que le metieras algo por el agujero. Duda entre cargarte el mango de la llave o tu muñeca. Consigue hacer palanca con otra llave y abre. Uf.
Huí de ese infierno de orden, belleza y ruidos callejeros para ver que mi metro acababa de pasar y quedaban ocho minutos ocho para el siguiente.
Cuenta la leyenda que el cuerpito se despertó desorientado, me creyó fugado de su -ejem- respiración fuerte y de camino al cubículo de aseo personal vislumbró un cuerpo en el sofá. Se acercó, creyendo que era el de un servidor... jijiji. Luego me llamó para compartir la anécdota conmigo y desvelar una gran duda: cómo había salido sin las llaves. Efectivamente, lo suyo era trance y lo demás tonterías. El pobrecito aún no había hechado en falta la llave de la libertad y de la seguridad. Pero tiene un iMac.